Y quisiera desprenderme
de las cosas
con la elegancia que el humo
deja el cigarrillo
o con la violencia del sudor
que ayer abandonaba la piel.

¿cuantas veces debo decir lo mismo?

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Rompimos todos los espejos

éramos niños y no nos importó

ahora y con el tiempo

nos preguntamos si la suerte existe

si el fuego cae del cielo

haremos una inmensa fogata

o nos pondremos a leer

Ya no hay fuego en esta chimenea

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Dicen que los días se van acortando

como el pantalón largo del hijo

en las manos de la madre,

que las mañanas nubladas en verano

ya no entregan el calor suficiente

y que los bosques se están doblando

que sus raíces saldrán a esperar el sol 

para que sus frutos pueblen la tierra 

y vuelvan los colores a las miradas de los niños

Se cuenta en las ciudades

que las religiones proliferan en el apocalípsis

y que todos llevan abrigos con grandes bolsillos

donde guardar las culpas

para abandonarlos en el último minuto

y ser perdonados por sus pares

y sus dioses

Dicen que los arbustos

están todos conectados bajo la tierra

y que en el momento del final

levantarán con sus fuerzas los cementerios

y el pánico sólo será una consecuencia

de los muertos que vamos pisando

mientras caminamos hacia el futuro

Dicen que el fuego no será gran cosa

que esta chimenea siempre estuvo partida

el mar que tranquilo nos baña

seguirá en su forma de taza de leche

sé que el perfume del olvido no puede atravesar las rejas

dicen que los vientos sólo nos llevarán más alto

ya las radios no transmiten con euforia

yo enciendo un cigarro en la ventana

ocaso mi gato ya ha partido

y pienso en descorchar otro vino.

Esa sangre

         


Vimos la sangre correr

por todos nuestros montes

nuestros manifiestos

nuestros vejámenes 

.

Perdieron esas gotas

el real sentido de caer

el día en que de unas manos afirmamos una cruz

y entonces no hubo más sangre que la del sacrificio

.

La sangre

recorriendo aquellas piernas 

aquellos tobillos

la sangre a la tierra

una promesa infértil de un futuro mejor

la mentira coagulada

de nuestra cobardía

.

La sangre se escabulló por los rincones

y odiamos cada uno de ellos

nuestros bosques sanguinarios

nuestras empresas sanguinarias

nuestras plebes ensangrentadas

nuestra propia sangre, desconocida

.

Y las mujeres sangrantes

tuvieron que luchar sin tregua

mientras nosotros sólo nos quejamos de sus manchas

y la incomodidad de un sexo poluto

entonces marcamos la historia con azotes

las redujimos a otro escalafón

apretando firme el puño

y cuando una voz salía de sus entrañas

volvimos a los hogares

con un perfume ajeno

y la esperanza de un perdón

Ocaso en la ventana

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Iba y venía su sombra por el pasillo

arrastrando con ella toda clase de guirnaldas

y un pasado que editar

una proyección reflejada por el vacío

multiplicada por cada partícula revolucionada de polvo

y un cascabel parecía sonar en el fondo de todo

nunca estoy seguro

el sol pasaba de lado a lado por mis días

por mi ventana y su cicatrices indelebles 

y la sombra de mis mesas y sillas se movía como una gran mandíbula

por los muros tan simples de mi casa

debe haber sido fácil para ella 

treparlos sin obstáculos fotográficos

lo único difícil, imagino

fue traspasar un cuerpo a medio tender

Su espalda resultaba ser un solo crujido

su espalda de cordillera sumergida

de cordillera masacrada

un bosque en llamas

por culpa de su hemisferio regente 

y la inteligencia de unos ojos rapaces y asesinos

Las nubes silenciosas llegaron,

como una avalancha a medianoche

pero mientras iba y venía por el pasillo

el fuego en la ventana le echaba a correr

las sombras dibujaban más sombras

a ponerse de pié y abandonarme

saltar toda barrera

y al mirar su vuelo inminente, sólo pensar

al igual que en todas las despedidas

nada más elegante

que ver su partida

simplemente

        

Un día tuve sueños contigo

en ellos te desvestías y la felicidad sólo pendía de los pabilos de tu traje

un día tuve sed y no te diste por aludida

bebiste todo el vino y rompiste la copa con los dientes

Un día tuve sueños contigo

en ellos nadabas bajo el mar y la felicidad sólo pendía de tus escamas

un día tuve fuertes deseos y no te diste por aludida 

saciaste todos los tuyos y olvidaste la cama, o la mesa

Un día tuve sueños contigo

en ellos te quemabas y la felicidad sólo pendía de la agudeza de tus gritos

un día tuve sed y no te diste por aludida

llenaste la habitación de humo y ya no pude verte

Un día tuve simplemente sueños contigo

en ellos eras simple y la felicidad dependía de nada

Un día tuve sueños 

no supe si eran contigo o no

sólo sé

un día simplemente tuve

ya no

Alegrías del Final II

       

Y ese día entonces

cuando las nubes se posen

sobre nuestros pensamientos

podremos mirarnos a los ojos

y odiarnos con razón

Habremos destruido los instrumentos

y las notas musicales,

habremos olvidado la palabra revolución

de tanto escribirla con la sangre

que creímos nos pertenecía

Volveremos cabizbajos a los bares

y los mendigos a los bancos

miraremos las botellas quebrarse junto a los vidrios,

que reflejando nuestras esperanzas trizadas

caerán a nuestros pies, 

como caímos toda nuestra vida

ante los del poder.

Se moverán las masas de gente

a exigir con viejas armas

todo lo que nos fue negado

prenderemos fuego a las iglesias

a los zoológicos, a los teatros

prenderemos fuego a los gobiernos

a los colegios y nuestras casas

fuego a los edificios

fuego a los jardines

abriremos las puertas de las cárceles 

y en ellas encerraremos al fin

todo lo que se llame patria

La policía desarmada

se refugiará en sus casuchas

sus hijos le darán la espalda

y haciendo honor a su uniforme

por la espalda serán asesinados

Cuando ya no quede bencina ni combustible alguno

apuntaremos al cielo

apuntaremos a Dios

y nos reiremos en su cara

puesto que en los últimos días

los temerosos no tendrán miedo

y el resto comprobaremos

que ya no nos pueden quitar nada

En los últimos días quizás

nada ocurra y entenderemos

que no hay principio ni final

solo una eterna escalada

una boleta vencida del paraíso

un viaje sin retorno

y una ciega mujer masacrada.

El vapor

       

Sobre el límite más ínfimo del cielo

Rascaban las aves su caída

Vestían de prisioneras sus plumas

Mientras las púas redondeaban 

sus rojos extremos

   

Eran días difíciles para los niños

Que crecieron a la sombra o en el sueño

De ver un día migrar nuestros pájaros

Antes de imaginar cualquier tipo de cementerio

   

Venían tiempos peores, quizás

Para todos los hielos

Y el cataclismo era entonces 

un fantasma rojo

Como son todos los fantasmas

Para quienes vivimos los tiempos del trasnoche

Y las noches de amanecida

Era un fantasma que crecía 

Y aunque invisible, abrazaba

Como abrazan los fantasmas

Rojos por sobre todo

   

Fueron entonces las promesas

Una vez los árboles secos

Una vez las plantas muertas

Una vez la tierra abierta

Y la mancha sangrante

De todas las huellas antiguas

Bajo las faldas desiertas

De una cordillera hecha de huesos

   

Fueron también las ciudades resuellas 

Y los ebrios del mundo conocieron el día

Que bajó las curvas cortinas de ambos hemisferios

Cerrando de golpe la cintura del mundo

Cuando vino entonces el gran ruido

    

Fueron entonces las olas

Agua ardiente y latigante 

El cielo oscuro y oxidado

Las gotas de un mismo desespero

El vapor expelido en nuestros cuerpos

Mientras las manos intentaban rescatarte

Del hielo fresco de tu aliento

Sobre aquel barco que se acercaba

Al límite humeante del recuerdo

Discurso de Sobremesa

       

       ”Talca París & Londres” (Fragmento)

…Juan Ignacio Molina y Gonzáles, sacerdote español nacido en Chile

De lo que se deduce

Que ni los propios padres de la patria son compatriotas nuestros

Olvídense

Son españoles nacidos en Chile

Las cuentas claras & la noche oscura

Bernardo O´Higgins, hacendado español nacido en Chile

José Miguel Carrera, capitán español nacido en Chile

Manuel Rodríguez, guerrillero español nacido en Chile

negocio redondo por donde se mire

Suma & Sigue

Tucho Caldera, criminal español nacido en Chile

Pablo Neruda, comunista español nacido en Chile

General Carlos Ibañez del Campo, dictador español nacido en Chile

                                                     carece de inmunidad diplomática

Gloria pues al Abate Molina, expulsado de Chile por Jesuita

vale decir: por superdotado

Honor y gloria al cronista, al exégeta, al filósofo consumado

mártir y precursor, ofendido por Moros y Cristianos

en Bolonia también se cuecen habas

que nos perdone todas nuestras dudas

escribía y hablaba perfectamente varios idiomas

incluída la lengua de la tierra que es la más escurridiza de todas

Gracias señor Rector por este premio tan contundente como inmerecido

soy un monstruo insaciable

no puedo rechazarlo

Todas las flores me parecen pocas

Es un honor muy grande para mí

la medalla se quede donde está

y que vuelva la calma a los espíritus.

Nicanor Parra, Universidad de Talca, 1998

un hombre en la estación

       

Un hombre

y sus dos maletas

bajo un reloj despedazado

por su propio tiempo

se sienta impasible

a ver la gente correr

En esas maletas cabe un mundo

quizás un universo

o tal vez una casa,

dos maletas iguales,

una para pensamientos

la otra para sentimientos

los recuerdos, en cambio

los llevó siempre consigo

/

en ellas también cupieron

múltiples papeles celestes

doblados con sus versos

llantos y alaridos

Las maletas aquellas son

del color de la torta de los 15 años

la última torta del padre vivo

la torta de bienvenida a sus hijos extraviados

o del color del vestido de su pequeña

un color olvidado en el gris

de esa fotografía roñosa

dentro de su amada chaqueta

Esa espera no se resume a segundos

ese tiempo no se transforma en minutos

ni esos lugares son muros que lo acorralen

porque la estación de su espera

es aquella en que dijeron

“a cuidarse de la soledad”

mientras quedó allí esperando

solitario

su tren de regreso al hemisferio

De este armatoste mísero

ya no salen trenes

no hay pasajeros

no hay turistas

ni de sus muros cuelgan

siquiera murciélagos,

en sus cerchas las palomas

ya no construyen nidos que se escondan

del tiempo que vuela sobre los rieles

Un día el hombre se puso de pie

peinó con sus dedos el poco cabello aún residente

cogió las maletas con calma, 

salió del edificio transparente

y en el bar de otra calle

volvió a saciar su sed

y por la ventana mira

como si el mundo fuera un atardecer

Para mirarse al espejo

        

Para escribir poesía

Hemos hecho todo lo posible

Engañado al diablo

Engañado al dios

Ponernos en cuatro patas

Esperando el perdón

Para escribir de la vida

Hemos vivido las ajenas

Hemos dejado las manos

En cada superficie

Siempre y cuando fueran capaces 

de marcar nuestras huellas

Para escuchar la música

Hemos silenciado a todo el resto

Para escucharnos 

Hemos silenciado a todo el resto

Y nuestras bóvedas craneanas

Han marcado un eco distante y perpetuo 

Que ha definido nuestros pasos

Y nuestros sueños

¿De qué sirve el sufrir si no se le destina a otro?

¿De qué la alegría?

Si sólo un cambio de orden

Y la alergia sería lo mismo

¿De qué nos sirven los muertos?

¿De qué los vivos?

¿De qué las alegorías?

La belleza de la palabra

Es un asunto lejano

Es un asunto ajeno

Y sentarse a media calle

Limpiar los vidrios hasta reflejarse

Sacudir el cuerpo

Hasta perder memoria de él

Mirar ese primer mechón alojado en el peine

Algo mucho más parecido a la muerte

Que esa vieja calavera

Alojada al fondo del ojo

Hemos afirmado

El fin de todo esto

Abrazado a todo ser probable

Encendido soles imaginarios

Hemos alcanzado las estrellas difuntas

Anunciado la felicidad

Hemos colgado

Y ¿Quién sabe cuántos?

Todos aquellos sueños en cada una de esas estrellas suicidas

Para resistir todo esto

Hemos rebautizado las cosas

Intentado describir todo lo bello

Olvidado los errores

Y armado nuestras manos

Para escribir poesía 

Hemos vuelto al vientre

Un vientre tempestuoso

Un vientre de uñas torcidas

Hemos vuelto a creer unos en los otros

Para que la traición

No nos suene como el pan

nuestro

De cada día.