Para mirarse al espejo

Para escribir poesía
Hemos hecho todo lo posible
Engañado al diablo
Engañado al dios
Ponernos en cuatro patas
Esperando el perdón
Para escribir de la vida
Hemos vivido las ajenas
Hemos dejado las manos
En cada superficie
Siempre y cuando fueran capaces
de marcar las huellas
Para escuchar la música
Hemos silenciado a todo el resto
Para escucharnos
Hemos silenciado a todo el resto
Y nuestras bóvedas craneanas
Han marcado un eco distante y perpetuo
Que ha definido nuestros pasos
Y nuestros sueños
¿De qué sirve el sufrir si no se le destina a otro?
¿De qué la alegría?
Si sólo un cambio de orden
Y la alergia sería lo mismo
¿De qué nos sirven los muertos?
¿De qué los vivos?
La belleza de la palabra
Es un asunto lejano
Es un asunto ajeno
Y sentarse a media calle
Limpiar los vidrios hasta reflejarse
Sacudir el cuerpo
Hasta perder memoria de él
Mirar ese primer mechón alojado en el peine
Algo mucho más parecido a la muerte
Que esa vieja calavera
Alojada al fondo del ojo
Hemos afirmado
El fin de todo esto
Abrazado a todo ser probable
Encendido soles imaginarios
Hemos alcanzado las estrellas difuntas
Anunciado la felicidad
Hemos colgado
Y ¿Quién sabe cuántos?
Todos los sueños en cada una de esas estrellas suicidas
Para resistir todo esto
Hemos rebautizado las cosas
Intentado describir todo lo bello
Olvidado los errores
Y armado nuestras manos
Para escribir poesía
Hemos vuelto al vientre
Un vientre tempestuoso
Un vientre de uñas torcidas
Hemos vuelto a creer unos en los otros
Para que la traición
No nos suene como el pan
nuestro
De cada día.



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